altavoces bluetooth

Terroríficos altavoces bluetooth, hay que frenarlos

 

Sorprendente las cosas que se permiten en este planeta. Lamentable que esa máxima que a todos nos enseñan de jóvenes, y que dice algo así como… “tus derechos acaban donde empiezan los míos” o algo así. Hoy os traigo otro caso personal, pero con el que seguramente os encontráis más de uno de vosotros a diario. Estoy hablando de esos niñatos, porque por norma general, normarlos de esa manera no está de más, nos destrozan la paz y relajación con sus altavoces bluetooth a todo trapo por la calle, plazas o cualquier sitio que les ronde. Y es que señores, está claro que esta gente no actúa bien, pero es que nadie les ha sabido frenar. Hoy hablamos de ello, pero antes…, uno de mis podcast destacados. Todos en vuestra app favorita buscando LaTeclaTec o al final del artículo.

Una generación que no se entera.

Hoy al mediodía, como cada día, estaba en mi estudio, grabando unos podcast, al acabar de grabar y subirlos al servidor, como cada mediodía me he dispuesto a realizar mi querida siesta. Pues bien, una música infernal venía de la calle. Me asomo para ver que pasaba, y era un niñato que con uno de esos altavoces bluetooth, a todo meter, y haciendo jumping en el parque que hay frente a mi ventana. Le he dicho que si podía hacer el favor de bajar la música, a lo que sorprendentemente me ha respondido mirándose el reloj que eran las tres de la tarde. Me ha dejado de piedra.

Excusarse en que es mediodía como argumento para tener la música a todo meter es lo más. Obviamente no me iba a quedar callado, y le he dicho que la gente tiene derecho a descansar en sus casas y que él no nos estaba dejando. Que se pusiera unos auriculares bluetooth, y podría hacer exactamente lo mismo sin molestar a nadie. Pues bien, hemos dado con uno que al menos, era medio inteligente y ha entendido la queja, aunque a regañadientes. Digo esto porque no es la primera vez que encima se te encaran y te mandan a la mierda.

 

No existe una regulación clara.

El mayor de los problemas, es que como otras cosas, pongamos por ejemplo el dron o el patinete eléctrico no se ha regulado. Pero ojo, cuando la cosa se ha empezado a desmadrar, entonces si que se empieza a regular. Por desgracia, cada vez hay más niñatos con el maldito altavoz. Más desgracia todavía es que hacerte con uno no te cuesta más de 5 o 6 euros en el chino. Y con uno de esos, ya fastidias a varias comunidades. Lamentablemente, hasta que no exista un exceso de molestias de esta gentuza con sus auriculares bluetooth dando el coñazo, no se parará.

Y en todo momento hablo de ellos de modo despectivo porque no se merecen nada mejor por mi parte. El motivo es sencillo, desde el momento que tu me privas de mis derechos en beneficio de los tuyos, no me pareces justo. Y si yo quiero escuchar música, me pongo los auriculares para no molestar a la gente que no quiere escucharla. Porque si todos empezamos a ir con este tipo de auriculares…, puede ser la leche.

Maneras de acabar con ellos.

Pues lamentablemente existen pocas fórmulas. Una de ellas es meterte en su bluetooth y ponerle “música normal”. Y hablando de música…, es curioso como por norma general, la mayor parte de estos niñatos escuchan todos la misma música infernal. reguetón o trap, no tienen muchos más registros. Si es que ni en eso se salvan. Y que me perdonen los de estos dos “estilos musicales”. Pero es que eso de escuchar música pop, indy, clásica, o cosas más “normales”, parece que no va con el perfil del que tiene este tipo de altavoces bluetooth.

Me da mucha pena, pero mucha más por ver como la sociedad se degrada hasta el punto de ver como algo normal ir con la música a todo trapo en sitios comunes de todos y poder molestar a cuatro bloques con más de 80 viviendas, y que todos estén equivocados y tú no. Es lamentable que vivamos en una sociedad donde aunque te vendan el “arma”, no entiendas que ir por la calle con esa música a todo meter, no forma parte de algo normal. Y es en ese momento donde entiendo que la sociedad, como en muchas otras ocasiones queda patente, es lamentable, destructiva y egoísta.

 

Necesitamos leyes que nos amparen.

Es necesario que nos den herramientas para acabar con estos abusos. Y esas herramientas se llaman leyes. Que se multe o se pueda multar a este tipo de gente. No deben tener esa impunidad sabiendo que la ley no puede hacer nada. Pero ojo, que por esa misma regla de tres, bajo yo con mi ampli y le pongo la música al lado al doble de volumen, y seguro que viene la policía y me multa. Todo muy lógico.

Y es que hay tantas leyes que cambiar…, entre ellas la inmensa protección que tienen ahora los menores. Un niño de 16 años te atraca, le das una leche y se te cae el pelo. Y así con todo. Ellos pueden abusar de otros y otras, vulnerar su intimidad, incluso matar, que no van a ir a la cárcel. Un menor es casi intocable. Y esto lo digo porque curiosamente, un elevadísimo tanto por ciento de esos niñatos que van con los altavoces bluetooth, suelen ser menores de edad. Con lo cual…, complicado es poco.

 

Los padres como siempre.

Y esto nos lleva a un tema todavía más complicado y profundo. Los padres. Son los máximos responsables de que esto ocurra. En la gran parte de los casos, los padres están viendo como esos niños van con el altavoz, incluso son los que se lo habrán comprado. Y lógicamente no caen o no quieren caer en la cuenta de que esos altavoces, están destinados a hacer mucho ruido y molestar cosa mala.

Pero es más sencillo no incomodar al niño, o no educarlo en la línea correcta y hacerle entender que la gente tiene derecho a no escuchar tu música si no quieren. Me parece bien que esos niñatos quieran compartir sus gustos musicales con sus amigos en el parque, eso es muy bonito, pero si lo haces a un volumen adecuado nadie te dice nada, pero cuando no quieres hacer eso y lo que quieres es marcar territorio, que se sepa que estás allí, pues entonces es cuando empezamos mal.

 

El metro es otro exponente.

Y esto me lleva a otro punto donde vemos estos abusos. El metro de Barcelona, por poner un ejemplo. Aquí tenemos zonas del metro habilitadas para que los músicos y artistas, puedan ejercer ese derecho a compartir su arte. Pero curiosamente esos sitios están regulados, y la mayor parte de energúmenos que trabajan para mafias o quieren vivir del cuento, acaban en los vagones, dando la brasa a viajeros como yo, que hemos pagado el billete que no es barato, mientras ellos, se han colado o su billete ya no tiene validez. Y es que señores, hasta en eso se saltan la ley. No puede ser que ellos tengan más derechos sin pagar que yo pagando. Eso no es justo.

No se puede tocar en los vagones, y eso es una normativa. Como la de no se puede ir sin billete, y ellos no lo llevan. Y como no, el ser humano demostrando su saber estar. Gente dando dinero a esta gentuza. Pensando que los ayuda. Sintiéndose mejor cuando lo único que están consiguiendo es que esos pobres desgraciados, paguen a su chulo, o compren un gramo de droga. O se compren un bocadillo pequeño y cinco litros de vino. Si se piensan que los ayudan…, es que no se enteran demasiado. Ayudarlos es dejar de darles dinero. Obligarlos a estar donde deben estar, en los espacios habilitados. Ayudarlos es dejar de darles un dinero que hace que al día siguiente sigan allí, porque les sale más rentable eso que estar currando ocho horas como muchos o la mayoría hacemos.

Porque esas supuestas buenas personas que ayudan a esos energúmenos dándoles dinero, no están pensando en todas esas personas que como yo, hemos pagado un billete y queremos ir tranquilos en el metro. Yo escuchando mi música en mis auriculares, el de al lado leyendo un libro, el otro hablando por teléfono o el de más allá viendo videos o series. Todos con un elemento común, no molestamos. Esta gente con su música a todo trapo, sea mediante altavoces bluetooth, bafles, flautas, trompetas, guitarras o lo que sea, si que molestan.

 

Generosidad donde toca.

Y ahora viene cuando me estáis comparando con el Grinch, o similares. Pues bien, os diré que nada más lejos de la realidad. Solo que creo que existe un mecanismo para regular todo esto, para ayudar de verdad, para no ser cómplices de mafias y drogadicción. Porque todo ese dinero que recaudan a diario, que no es poco, si se destinara a verdaderas causas sociales, otro gallo cantaría. No eres mejor persona por darle una moneda a un mendigo que pide en el metro, o al que te canta una canción que no sabe ni cantarla porque es en otra lengua y ni ha perdido el tiempo en aprenderla bien. Eres mejor persona cuando vas a ayudar a centros sociales, cuando colaboras con causas como la de recogida de alimentos, cuando vas a voluntariados, cuando apadrinas niños, cuando, cuando, cuando…

Algunas de esas están en mi lista de cosas hechas, porque yo, a diferencia de esas supuestas buenas personas, colaboro donde realmente se necesita, no donde alguien por hacer ruido, me intenta imponer su pena. Son tantos los cuándos, que es triste ver a diario como ir en metro se torna en imposible. Y cuando no puedes más y le dices a alguna de esas supuestas buenas personas que no les está ayudando dándoles dinero, te increpan diciendo que si no te gusta que te bajes. Curioso, me tengo que bajar yo que respeto las normas, pero él que se las salta todas, debe seguir allí. Genial.

 

Conclusión sobre altavoces bluetooth.

Ala, ya me he quedado descansado. Tremenda rajada que he pegado. Esto en el podcast me va a quedar de miedo. Porque es un tema que no se si se ha entendido con claridad. Espero que si. No es cuestión de humanidad, es cuestión de respeto. Y ese respeto es precisamente, respetar las normas de convivencia. Las normas que nos hacen a todos, convivir en armonía. Cuando te las saltas, lo que pasa es que una serie de reacciones en cadena hacen que la sociedad empiece a torcerse. Si tu pones la música alta, puede que venga otro y te de una leche. O puede que ponga su música todavía más alta.

Así que para vivir en cordialidad…, que menos que respetar el espacio de cada uno. Y tu espacio acaba cuando invades el mío. Si quieres escuchar música, hazlo con unos auriculares sin molestar a nadie. Y si quieres compartirla con tus colegas, os vais a casa de uno de ellos, o a un parque abierto, que seguro que tenéis uno cerca, donde no hay vecinos a quienes molestar. Y hablo de parques, no de espacios verdes entre bloques de viviendas. Si pones la música en un tono aceptable, nadie te dirá nada. Pero si la pones a toda leche para dar la nota, acabarás mal. Porque uno con más mala leche te la acabará liando. Y un huevazo, cubo de agua o similares, puede acabar en tu cabeza. Dicho queda.

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